Think Really Different.

What’s the big deal about Apple’s iPad, currently arriving in stores on the biggest wave of hype since, well, Apple’s iPhone? The easy answer is that the iPad comes from Apple, and we always expect big things from Apple because it is run by Steve Jobs, whose California garage was the birthplace of the personal computer in 1976. Since then, Jobs has transformed computing by making machines people actually like to use. He’s changed the movie business, buying Pixar and ushering in the era of computer animation, and he’s led a takeover of the music business with the iPod and the iTunes music store. Then came the iPhone, and even now, nearly three years after its introduction, no other phone comes close.

Jobs is a relentless perfectionist whose company creates such beautifully designed products that they have changed our expectations about how everything around us should work. He has an uncanny ability to cook up gadgets that we didn’t know we needed, but then suddenly can’t live without. The iPad is his personal pet project. It’s something he’s been working on for years, reportedly even while he was recuperating from a liver transplant. Jobs calls it “a truly magical and revolutionary device,” and supposedly has told people close to him that the iPad is the most important thing he’s ever done.

Un país para morirse de risa

Si hay algo serio en la Argentina de estos días, es el humor. Muy serio. El humor marca tendencia y hace estragos. Por de pronto, me dicen que se está llenando de columnistas políticos que se toman la realidad un poco en broma, con el argumento de que la realidad no es seria. No comparto la moda, pero la entiendo: si a lo que nos pasa no le ponés un poquito de onda, te asfixia. Antes que morir de pena, mejor morirse de risa.

Incluso yo, que como militante kirchnerista estoy obligado a ver el vaso medio lleno, sé que estamos muy lejos de haber ganado la guerra y que hasta que terminemos de alumbrar el nuevo país habrá llanto y crujir de dientes. En medio de esos dolores de parto, el humor es como un pinchazo de peridural: nos anestesia y nos hace disfrutar de lo que, sin ella, nos haría sufrir.

Articulo original publicado en la edición del 26 de Febrero de 2011 en La Nación.

El portero enamorado.

En 1998, Jean André Fiesche rodó un emocionante reportaje para la televisión francesa sobre el cineasta Jean Rouch en que este habló de su método de trabajo. Se basaba en algo que había aprendido del pueblo de los dogón: en “hacer como si”. Todas las películas que Rouch rueda en el África negra son falsos documentales y, sin embargo, pocas veces se ha mostrado de una manera más honda y veraz la vida de los pueblos que viven en esa zona del mundo. “Al hacer como si, declara, se está mucho más cerca de la realidad”. Jean Rouch no pretende captar la realidad tal como es, sino conseguir otro tipo de realidad, que busca la verdad de la ficción.

Desde un punto de vista racionalista el pueblo de los dogón es un pueblo de grandes mentirosos, ya que no tienen ningún reparo en apropiarse de las historias que les gustan haciendo como si les hubieran sucedido a ellos. Por ejemplo, alguien escucha la historia de un dios que protege a las vacas, e inmediatamente adoptan a ese dios como propio. En su película La caza del león con arco, Rouch nos muestra a una casta hereditaria, que es la única que tiene derecho a matar leones. Los pastores solo pueden tirarles piedras para ahuyentarlos. Consideran que el león es necesario para el rebaño y saben identificar cada león por sus huellas. Pero cuando un león mata demasiadas reses, hay que suprimirlo porque se trata de un león asesino. La película relata los episodios de esta caza en la que técnica y magia están íntimamente relacionadas.

Y para llevarla a cabo hablan con las raíces de las que obtienen el veneno, con las plantas con que fabrican sus arcos, con el fuego que debe fundir el hierro para las flechas. Y, en su término, piden perdón al león por haberle tenido que matar. Así reestablecen la armonía rota por el acto de violencia. Cada gesto, cada tarea que emprenden, está acompañada de palabras y cantos. Y hablan como si raíces, ramas, fuego y animales pudieran entenderles.

¿Somos tan diferentes a ellos? El químico habla con sus probetas y cultivos y les pide en secreto la solución a sus experimentos, el adolescente pide al genio de los botellones que lleve a sus brazos el chico o la chica que desea, al montarnos en un tren confiamos en que nos conduzca a nuestro destino. Todo el arte se basa en ese principio misterioso de “hacer como si”. Al leer un libro, jugamos a sentir que es cierto lo que nos cuenta, y así logramos que viva en nosotros. Al escuchar un concierto o una obra de teatro, fingimos estar asistiendo a un acontecimiento único en el que está en juego nuestra alma. Y vivimos como si tuviéramos un alma que guardar y a la que escuchar.

Jean Rouch recuerda en este reportaje el Mayo del 68. Él y sus compañeros participaron en las revueltas como si realmente la revolución estuviera a la vuelta de la esquina. De esa forma, y misteriosamente, París fue una hermosa fiesta que el mundo nunca olvidará. También don Quijote se rige por la filosofía de los dogón. Se lanza en busca de aventuras como si realmente fuera un caballero andante. Y así, se enfrenta a las injusticias y defiende a los débiles y los oprimidos por el poder. Se pone de parte de la pastora Marcela, reivindicando el derecho a elegir de las mujeres, defiende a un pobre siervo apaleado, libera a los presos, trata a unos pobres pastores como si fueran grandes señores, lo que da lugar a su bello discurso sobre la Edad de Oro, y tratar a las criadas de la fonda como si fueran delicadas damas, y así modifica la realidad. Pero don Quijote no olvida que está jugando, como bien lo demuestra Torrente Ballester en su ensayo sobre sus aventuras, como tampoco el lector de un libro olvida que lo que lee no es real.

En política el principio del “como si” estaría en contra de cualquier forma de intolerancia, porque rechaza toda centralidad. La filosofía de los dogón tiende puentes, devuelve la vida, como diría Baudelaire al bosque de las analogías. Nada más contrario al pensamiento autoritario. En él solo hay certezas, verdades indiscutibles, un saber que se impone a los otros. Las personas religiosas creen que hay un dios, una vida más allá de la muerte, y que los justos antes o después serán amados y tendrán su recompensa, lo que no está nada mal. Pero el problema no es vivir de una manera determinada, sino creer que es la única posible. El problema es querer imponer la historia que la justifica olvidando que pertenece al mundo de la ficción. De ese olvido surgen todas las formas de integrismo religioso, o las formas autoritarias en política: el fascismo, las dictaduras comunistas, el terrorismo vasco o islámico, el culto interesado al mercado y el dinero.

Por el contrario, las comunidades que se rigen por el principio del “como si” son más abiertas y fantasiosas, y sus acciones están sometidas a la corrección de la ironía. Sus fiestas se vuelven amables y no hay motivos para querer imponer nada a los demás, pues solo se trata de dulces mentiras dictadas por la piedad y el goce de vivir. Las madres suelen enloquecer con sus recién nacidos, pero también se los toman a broma, pues si no ¿cómo podrían ayudarles a crecer? Sin ironía seríamos devorados por la tiranía de nuestros ideales y deseos.

En este país muchas veces tan antipático y duro hemos tenido un ejemplo de todo esto en los últimos mundiales de fútbol. Tiene razón Javier Marías cuando afirma que el fútbol tiene algo de artístico. Lo vemos como si algo esencial de nuestra vida estuviera en juego, pero solo se trata de un grupo de muchachos disputándose una pelota. Al comienzo del Mundial surgió un problema con Iker Casillas. Su novia, una guapa e inteligente periodista, fue nombrada corresponsal y algunos medios la criticaron por pensar que le distraía de su tarea. Es una historia antigua de honda raigambre machista. La historia del héroe a quien el contacto con la mujer debilita: la historia de Eneas y Dido, de Sansón y Dalila, de Ulises y Circe.

La final del campeonato fue un partido bronco, que nos tuvo al borde del infarto. Y en los últimos minutos Robben, el mejor jugador de Holanda, se quedó solo ante nuestra portería. El gol parecía cantado, pero Casillas hizo una de esas paradas que se quedan para siempre en la memoria. Y en el bar en que estábamos viendo el partido sucedió el milagro: todos se pusieron a gritar el nombre de Sara Carbonero, la guapa periodista. Solo ella podía haber inspirado en Casillas ese momento de magia suprema y permitirle parar un balón inalcanzable. Y todos nos comportábamos como si cosas así, gracias al amor, fueran posibles en el mundo.

Tal es el poder del “como si”. A los cazadores songhay les permite cazar los leones asesinos, a Cervantes escribir El Quijote, y a Casillas parar una pelota imposible. No es extraño, ya que la verdadera vida exige hacer promesas que no se pueden cumplir: que las palabras nos salvarán de la muerte, que los besos siempre serán como los primeros, que habrá niños resplandecientes y relojes sin agujas.

Fernando Savater acostumbra a citar una hermosa frase de madame de Châtelet que, en vez del toro de Osborne, debería figurar en el centro de nuestra siempre convaleciente bandera nacional: “No es posible que hayamos nacido para ser desdichados”. Eso queremos, vivir como si fuera posible un mundo más justo, generoso y noble, como si fuera posible la felicidad. Y lo extraño es que, al creer en ello, logramos ser misteriosamente felices alguna vez.

Alina y Aroldo

Hace unos cuantos meses que tengo la suerte de publicar para Billiken ésta historieta.
A partir de ahora y semanalmente la voy a ir subiendo acá en el blog.
Les adelanto que Alina es una brujita que se muda al barrio de Aroldo, lo demás ya lo irán leyendo ustedes mismos. Saludos.

Hace unos cuantos meses que tengo la suerte de publicar para Billiken ésta historieta.A partir de ahora y semanalmente la voy a ir subiendo acá en el blog.Les adelanto que Alina es una brujita que se muda al barrio de Aroldo, lo demás ya lo irán leyendo ustedes mismos. Saludos.

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September 2009

Like all investors, we spend a lot of time trying to learn how to predict which startups will succeed. We probably spend more time thinking about it than most, because we invest the earliest. Prediction is usually all we have to rely on.

We learned quickly that the most important predictor of success is determination. At first we thought it might be intelligence. Everyone likes to believe that’s what makes startups succeed. It makes a better story that a company won because its founders were so smart. The PR people and reporters who spread such stories probably believe them themselves. But while it certainly helps to be smart, it’s not the deciding factor. There are plenty of people as smart as Bill Gates who achieve nothing.

In most domains, talent is overrated compared to determination—partly because it makes a better story, partly because it gives onlookers an excuse for being lazy, and partly because after a while determination starts to look like talent.

I can’t think of any field in which determination is overrated, but the relative importance of determination and talent probably do vary somewhat. Talent probably matters more in types of work that are purer, in the sense that one is solving mostly a single type of problem instead of many different types. I suspect determination would not take you as far in math as it would in, say, organized crime.

I don’t mean to suggest by this comparison that types of work that depend more on talent are always more admirable. Most people would agree it’s more admirable to be good at math than memorizing long strings of digits, even though the latter depends more on natural ability.

Perhaps one reason people believe startup founders win by being smarter is that intelligence does matter more in technology startups than it used to in earlier types of companies. You probably do need to be a bit smarter to dominate Internet search than you had to be to dominate railroads or hotels or newspapers. And that’s probably an ongoing trend. But even in the highest of high tech industries, success still depends more on determination than brains.

If determination is so important, can we isolate its components? Are some more important than others? Are there some you can cultivate?

The simplest form of determination is sheer willfulness. When you want something, you must have it, no matter what.

A good deal of willfulness must be inborn, because it’s common to see families where one sibling has much more of it than another. Circumstances can alter it, but at the high end of the scale, nature seems to be more important than nurture. Bad circumstances can break the spirit of a strong-willed person, but I don’t think there’s much you can do to make a weak-willed person stronger-willed.

Being strong-willed is not enough, however. You also have to be hard on yourself. Someone who was strong-willed but self-indulgent would not be called determined. Determination implies your willfulness is balanced by discipline.

That word balance is a significant one. The more willful you are, the more disciplined you have to be. The stronger your will, the less anyone will be able to argue with you except yourself. And someone has to argue with you, because everyone has base impulses, and if you have more will than discipline you’ll just give into them and end up on a local maximum like drug addiction.

We can imagine will and discipline as two fingers squeezing a slippery melon seed. The harder they squeeze, the further the seed flies, but they must both squeeze equally or the seed spins off sideways.

If this is true it has interesting implications, because discipline can be cultivated, and in fact does tend to vary quite a lot in the course of an individual’s life. If determination is effectively the product of will and discipline, then you can become more determined by being more disciplined. [1]

Another consequence of the melon seed model is that the more willful you are, the more dangerous it is to be undisciplined. There seem to be plenty of examples to confirm that. In some very energetic people’s lives you see something like wing flutter, where they alternate between doing great work and doing absolutely nothing. Externally this would look a lot like bipolar disorder.

The melon seed model is inaccurate in at least one respect, however: it’s static. In fact the dangers of indiscipline increase with temptation. Which means, interestingly, that determination tends to erode itself. If you’re sufficiently determined to achieve great things, this will probably increase the number of temptations around you. Unless you become proportionally more disciplined, willfulness will then get the upper hand, and your achievement will revert to the mean.

That’s why Julius Caesar thought thin men so dangerous. They weren’t tempted by the minor perquisites of power.

The melon seed model implies it’s possible to be too disciplined. Is it? I think there probably are people whose willfulness is crushed down by excessive discipline, and who would achieve more if they weren’t so hard on themselves. One reason the young sometimes succeed where the old fail is that they don’t realize how incompetent they are. This lets them do a kind of deficit spending. When they first start working on something, they overrate their achievements. But that gives them confidence to keep working, and their performance improves. Whereas someone clearer-eyed would see their initial incompetence for what it was, and perhaps be discouraged from continuing.

There’s one other major component of determination: ambition. If willfulness and discipline are what get you to your destination, ambition is how you choose it.

I don’t know if it’s exactly right to say that ambition is a component of determination, but they’re not entirely orthogonal. It would seem a misnomer if someone said they were very determined to do something trivially easy.

And fortunately ambition seems to be quite malleable; there’s a lot you can do to increase it. Most people don’t know how ambitious to be, especially when they’re young. They don’t know what’s hard, or what they’re capable of. And this problem is exacerbated by having few peers. Ambitious people are rare, so if everyone is mixed together randomly, as they tend to be early in people’s lives, then the ambitious ones won’t have many ambitious peers. When you take people like this and put them together with other ambitious people, they bloom like dying plants given water. Probably most ambitious people are starved for the sort of encouragement they’d get from ambitious peers, whatever their age. [2]

Achievements also tend to increase your ambition. With each step you gain confidence to stretch further next time.

So here in sum is how determination seems to work: it consists of willfulness balanced with discipline, aimed by ambition. And fortunately at least two of these three qualities can be cultivated. You may be able to increase your strength of will somewhat; you can definitely learn self-discipline; and almost everyone is practically malnourished when it comes to ambition.

I feel like I understand determination a bit better now. But only a bit: willfulness, discipline, and ambition are all concepts almost as complicated as determination. [3]

Note too that determination and talent are not the whole story. There’s a third factor in achievement: how much you like the work. If you really love working on something, you don’t need determination to drive you; it’s what you’d do anyway. But most types of work have aspects one doesn’t like, because most types of work consist of doing things for other people, and it’s very unlikely that the tasks imposed by their needs will happen to align exactly with what you want to do.

Indeed, if you want to create the most wealth, the way to do it is to focus more on their needs than your interests, and make up the difference with determination.

Notes

[1] Loosely speaking. What I’m claiming with the melon seed model is more like determination is proportionate to wd^m – k|w – d|^n, where w is will and d discipline.

[2] Which means one of the best ways to help a society generally is to create events and institutions that bring ambitious people together. It’s like pulling the control rods out of a reactor: the energy they emit encourages other ambitious people, instead of being absorbed by the normal people they’re usually surrounded with.

Conversely, it’s probably a mistake to do as some European countries have done and try to ensure none of your universities is significantly better than the others.

[3] For example, willfulness clearly has two subcomponents, stubbornness and energy. The first alone yields someone who’s stubbornly inert. The second alone yields someone flighty. As willful people get older or otherwise lose their energy, they tend to become merely stubborn.

Thanks to Sam Altman, Jessica Livingston, and Robert Morris for reading drafts of this.

Big Bank

Se supone que la economía no es moco de pavo. Pero, curiosamente, en estos días nos hemos familiarizado con cosas mucho más complejas. Todos escuchamos que en Suiza, en unos anillos de 27 kilómetros de circunferencia, enterrados a 100 metros de profundidad, en una obra que llevó 20 años y costó 6.000 palos verdes, se aceleraron dos haces de protones de hidrógeno, en sentido contrario, al 99,99% de la velocidad de la luz, empujados por 7 billones de electrovoltios. Los hicieron colisionar y recrearon los segundos posteriores al Big Bang, que dio inicio al Universo. Sería mucho más simple explicar aquel misterio con la historia del Creador, Adán, Eva y la manzana. Pero si uno quiere entender en serio cuál es la verdad de la milanesa, más vale ir aprendiendo los secretos que nos irá develando esta maquinita de Dios.

Para comprender la complejidad del asunto, Steve Myers, director del proyecto, explicó que fue como lanzar dos agujas desde ambas orillas del Atlántico y hacerlas chocar de frente a mitad de camino. Vaya uno a saber para qué corno querría alguien hacer chocar dos agujas en el medio del Atlántico, pero se supone que estos tipos saben lo que hacen.[singlepic id=9 w=320 h=240 float=right]

Al lado de esto, las ciencias económicas deberían ser una pavada. Sin embargo, cuesta entender por qué un grupo de tomates arrojados a gran velocidad contra unas lechugas y unas cebollas cortadas en juliana, provocan en la Argentina el aumento descontrolado del precio de una ensalada mixta.

El gobierno dice que la inflación no es tal. Pero también esta semana, la Compañera Jefa dijo que el Compañero Jefe se cayó de una silla porque lo empujó la Virgen de Luján. Para mí que esta gente está fumando cosas raras.

Volviendo al tema, si aprovechamos la máquina de Dios y ponemos de un lado 3 pomelos rojos a $ 7,90 el kilo y del otro lado dos pelones blancos a $ 6,60 y los hacemos colisionar, ¿podríamos entender el inicio de la inflación?, ¿lograríamos desentrañar los orígenes del problema económico argentino? No creo. Este aparato podrá descular el inicio del universo, pero no puede explicar por qué tenemos inflación hace más de 50 años. (Tampoco es cuestión de echarle la culpa de todo a los Kirchner).

Por eso, Compañero ciudadano, hoy que usted está tranquilo, después de cuatro días de rascarse el higo, lo invito a razonar cuestiones elementales de la economía y hacer un poco de números.

Supongamos que usted es uno de los tantos argentinos a los que no le alcanza la guita y decide ir al banco a pedir, por ejemplo, 5 lucas para comprarse un super LCD para ver el Mundial. (Rezando que no nos volvamos de Sudáfrica en la primera ronda porque en ese caso, el televisor le habrá costado 1.666,66 mangos por partido).

En su banco amigo le van a informar que, para un crédito personal, la tasa de interés ronda el 30%. A eso debe sumarle los gastos, comisiones, seguros y otros curros, por lo que la tasa efectiva trepa entre un 35% y un 40% anual. Por la mitad de eso, los directivos de un banco en cualquier lugar serio del mundo, tendrían que morfarse el huevo de pascuas tras las rejas. Acá, está tudo bem, tudo legal. Casi casi, le conviene más tomarse un avión y ver el Mundial personalmente.

Ahora supongamos que usted es uno de los pocos que le sobra la guita, y decide ir a su banco amigo a poner 5 lucas a plazo fijo. Ahí le van a explicar que, por 30 días, la tasa es del 9% anual, pero por ser usted se la van a subir a 9,25%. O sea que la diferencia entre la tasa que cobran y la que pagan (ese es el negocio de un banco), supera el 20%, cuando en cualquier lugar serio del mundo oscila entre el 3% y el 5% máximo.

Le aclaro que si usted pide guita al 30%, o ahorra al 10% en pesos, no va a llegar a ningún lado. No le digo que tome el camino que eligió el talentoso Compañero Ricardo AeroJaime, pero algo diferente tendrá que hacer. (A propósito, qué bien le fue a ese muchacho, no?)

Ahora veamos lo que le pasa al Jefe de Gobierno de la Ciudad, Compañero Mauri. Como siempre, no le alcanza la guita (desde la época de Boca y Maradona que no le alcanza la guita, pobre cartonero). Hay que reconocer que el gobierno nacional lo tiene atado de pies y manos, no le tira ni una anchoa, y no lo deja tomar créditos afuera. Como el tipo ya no sabe qué hacer, esta semana lanzó al mercado unos bonos (o sea salió a pedir plata), por casi 500 palos verdes al 12,5% anual (en dólares). Una pichincha al lado del 15% que nos cobra Chávez. Retenga este dato y sigamos haciendo números.

Buena parte de los ingresos del gobierno de la ciudad proviene del cobro de patentes de autos y ABL de las viviendas. Así se manejan todas las ciudades del mundo. Yo sé que nadie quiere más aumentos, pero antes de putearme, sígame en el razonamiento.

Supongamos que un tipo tiene mucha guita (no tanto como AeroJaime, pero tiene sus buenos mangos) y se compra un derpa de la hostia en Puerto Madero, o en Avenida Libertador, o por ahí. Por ejemplo, 250 metros cuadrados que, según los inmobiliarios, en esos lugares no bajan de un palo verde. Ya sabemos que un inmobiliario te puede decir eso y mucho más sin que se le mueva un sólo músculo de la cara, pensando en la parte que le toca. Como dice el recordado pensador y filósofo uruguayo, Andrés Jafif: “Hay sólo dos cosas que un inmobiliario jamás permitirá que le toquen: el culo y la comisión”.

Volvamos al derpa de 1 palo verde. ¿Sabe cuánto paga este tipo de ABL? Alrededor de 2.500 dólares anuales. A usted le parecerá mucho, pero para el tipo no es nada. En la cochera, ese mismo tipo tiene un BMW o un AUDI que no baja de 50 lucas verdes y que paga de patente. ¡¡lo mismo que el departamento!! ¿Por qué Macri no le cobra a los ricos un ABL proporcional al valor del departamento, en lugar de amagar aumentarle el ABL a todos? No se entiende. ¿Tendrá miedo que los millonarios salgan por la Avenida Libertador con las cacerolas? ¿O que sus amigos no lo dejen entrar más a la cancha de golf? Un derpa de un palo verde debería pagar no menos de 25.000 dólares anuales. Así es en todo el mundo. Calcule todas las propiedades de alta gama de la ciudad y va a descubrir que el Compañero Mauri podría recaudar casi la misma cantidad de guita que los 500 palos verdes que salió a buscar colocando bonos y pagando el 12,5% anual.

Ahora piense conmigo. ¿Usted cree que el pobre tipo que no puede pagar un crédito en el banco para comprar una licuadora le va a comprar los bonos a Macri? De ninguna manera. ¿Quién, entonces, los va a comprar? El mismo tipo que vive en Puerto Madero o Libertador, a quien le regalan el ABL y encima le dan la chance de colocar su guita al 12,5% anual. El Jefe de Gobierno de la Ciudad parece no entender que, si no les saca un poco a los ricos (que son pocos) y les da a los pobres (que son muchos), jamás va a conseguir los votos para llegar a la Casa Rosada.

Algo parecido pasa en las provincias y en la Nación. Si a esto le agregamos ciertos excesos en el gasto público y un poco de corrupción, concluiremos que al Estado no hay guita que le alcance. Por lo tanto no hay buenos hospitales, ni buenas escuelas y ni podemos pagar lo suficiente para combatir la inseguridad. ¿Qué hacen los ricos a quienes no se les cobra el ABL y, por ende, no se recauda? Se encierran en los countries, en los edificios con guardias armados, y se quejan de la inseguridad, como muy bien explica el famoso pensador Oscar Abramzon en su tratado sobre la contradicción.

Parábolas de la realidad económica argentina que van minando lentamente la salud mental de todos nosotros. A propósito de salud. ¿Vio que tenemos 20.000 minas con las tetas contaminadas? Lo único que nos faltaba. Piense en el pobre tipo que fue al banco, pidió 10.000 mangos para hacerle las tetas a su jermu, pagó el 35% de interés y encima ahora tiene en su cama una potencial chechena con dos tetas radioactivas a punto de inmolarse.

A todo esto, súmele la inestabilidad política de siempre, la inseguridad jurídica de siempre, los datos truchos del INDEC de ahora, y va a entender la base del problema. No necesitamos una máquina de Dios para conocer el origen de un bolonqui que, por lo visto hasta hoy, nadie está dispuesto a resolver.

Mientras tanto, amigo millonario, no se haga problema. Siga disfrutando de su departamento sin pagar impuestos. Tudo bem, tudo legal. Como ve, por ahora su casa está en orden. Felices pascuas.

Conversaciones con un amigo kirchnerista

Elegimos un bar de la calle Tacuarí que frecuentábamos en nuestros viejos tiempos. También elegimos un determinado domingo porque esa tarde no nos extrañarían en ningún lado. No teníamos ánimos de vencernos, sino de ver cómo se desarrollaba la partida, pero ninguno de los dos estaba dispuesto a dejarse ganar. Ni siquiera para mantener una amistad de tres décadas. Empezamos por un café y pasamos por alto las preguntas sobre los chicos y el trabajo, como si quisiéramos dejarlos afuera. Noté que el Flaco estaba un poco incómodo porque se rascaba el canto de una mano con el borde de la mesa. Le llevo un año, pero siempre consideré con orgullo que el Flaco era más inteligente que yo. Habíamos, sin embargo, amasado en estos últimos años ciertas broncas sutiles, nos habíamos cruzado verbalmente en dos o tres reuniones, y me había sacudido fiero un par de veces por correo electrónico. Esas cartas digitales, que yo guardaba, eran extremadamente ofensivas y respondían a los argumentos de un artículo mío que hablaba del “fin del falso progresismo”.
Recuerdo que, para el Flaco, no era el fin ni era falso, y que yo les estaba haciendo el juego a “los golpistas”. El Flaco se había quedado en una difusa socialdemocracia nacional y popular que practicábamos cuando éramos jóvenes, pero había visto con simpatía el escepticismo militante de mis años de periodista. Ese temperamento se quebró de pronto cuando el kirchnerismo se hizo cargo del Gobierno y trabajó sobre la invisible herida psicológica de toda una generación: entonces el Flaco, para no ser menos, se enamoró perdidamente. Las hostilidades, entre dos hermanos de la vida, se habían iniciado por esas fechas. Y precisamente de toda esa prehistoria de enojos contenidos veníamos cuando nos sirvieron un café y una lágrima.
-Estoy dispuesto a reconocerles varias cosas -le dije, para romper el hielo sin romper la tortilla.
-La renovación de la Corte Suprema -dijo con fastidio, como si me esperara.
-Que ahora demonizan porque no se somete y les vota en contra.
-Es un hito que estudiarán nuestros nietos en los libros de historia. Pero seguí, seguí.
-También le reconozco la habilidad para reconstruir el poder político en un país que venía de la ingobernabilidad y el caos- concedí-. Lástima que después se acostumbró a gobernar con dureza, sin respetar reglas y haciendo abuso de la fuerza de la plata. Y empezó a pensar en perpetuarse por los siglos de los siglos, amén.
-¿Vos pensás en serio que se puede hacer política sin plata? -juntó de pronto los dedos de la mano y me miró fijo-. Hablemos en serio, negro. Se usa la plata para llevar adelante un proyecto, y eso es más viejo que el hambre. Si tenés la caja, te respetan; si no la tenés, te voltea hasta un concejal de un municipio de cuarta.
-Te aclaro que me gustó que al principio hayan sido cuidadosos con el déficit y con las reservas -quise pararlo. No pude.
-¿Vos te creés que podés cambiar las cosas y enfrentarte a los intereses creados sin tener la guita y sin aplicar premios y castigos? ¿Y que además este país da para manitos de seda, con la cantidad de hijos de puta que hay? ¡Bastante democráticos resultaron!
-Son tan democráticos como un setentista puede serlo -tomé un sorbo amargo del café azucarado-. Los setentistas no son democráticos ni republicanos, sino movimientistas y revolucionarios. Nunca creyeron verdaderamente en la democracia ni en los partidos políticos. La democracia burguesa y la partidocracia, les decían con asco, ¿te acordás? Cómo no vas a acordarte, si a vos los setentistas te colonizaron…
-¡A mí no me colonizó nadie! -protestó.
-Claro, desde esa perspectiva revolucionaria, la democracia es una concesión y las acusaciones de dureza, una ingenuidad o un argumento creado de mala fe por la derecha. ¿En cuál de las dos intenciones encajo?
-Te aseguro que si no pensara que vos caés en el casillero “ingenuidad política” no estaría acá sentado -dijo, relajándose un poco. Sacó un cigarrillo. No sabía que había vuelto a fumar-. Este gobierno tiene la virtud de ser democrático en un sentido y revolucionario en otro.
-Y a ver, explicame, ¿qué revolucionó?
-Toda la política argentina -dijo como en un relámpago, y prendió el cigarrillo con un Cricket traslúcido-. Tomó el peronismo y lo puso detrás de una causa progresista. Reinventó la burguesía nacional, domó al establishment ,que siempre es acomodaticio y egoísta, tuvo el coraje de romper monopolios, desarrolló una política impresionante de derechos humanos y se enfrentó con los organismos de crédito internacional. ¿Te parece poco?
Estaba todo colorado y en las mesas vecinas varios clientes se habían dado vuelta para verle la cara.
-Vamos por partes -propuse, con la boca súbitamente seca.
-Yo veo la gran película, vos te quedás en la letra chica, con el miserable diario de cada día -siguió, como si no me hubiera oído-. Hay corrupción. ¿Y qué? Hay corrupción en todos los gobiernos. Usan el tema de la corrupción para esmerilar a un gobierno que los jode, y están esperando que caiga de una vez por todas. Que caiga y que parezca un accidente.
-El asunto del peronismo está pegado con saliva -le dije con crudeza-. Con billetes y nada más. El peronismo no es ni será jamás un partido de centroizquierda. Ponen la cara para la foto y acompañan en los actos porque el Gobierno los tiene agarrados con los fondos.
-No te equivoques, pibe. Es el pueblo peronista el que acompaña este proceso.
-Ajá, el pueblo peronista…
-¡Nunca en toda la historia moderna hubo tanta obra pública! -me escupió-. Y eso benefició a los pobres.
-Para los pobres, el Gobierno tiene la inflación, que los come vivos. O en todo caso las planes Jefas y Jefes, que son las armas con los que gerencian la miseria. Eso a Perón le hubiera parecido una aberración. Y lo mismo pensarían en cualquier proceso serio de socialismo.
-Vos estuviste en la villa 21 y sabés lo que significa para la mayoría que labura el resurgir de la obra pública. Sabés que esos albañiles están mejor hoy que nunca.
-En estos siete años creció la brecha entre ricos y pobres.
-¡Venimos del fracaso de los noventa y del precipicio de 2001, negro! -gritó-. ¿Qué estamos pidiendo?
-No te creas que el truco es muy diferente -lo pinché-. Al principio tenían una convertibilidad del 3 a 1, que funcionó para hacer más competitivas las pequeñas industrias. Pero después todo empezó a distorsionarse de vuelta. Seamos honestos: los cuatro primeros años de la década del 90 la cosa también funcionó. El problema es que Menem quería la reelección. Entonces, en lugar de reducir el déficit, se dedicó a pedir prestado a los organismos. Se endeudó, te recuerdo, en 60.000 millones de dólares para vivir por encima de sus posibilidades. A éstos les pasa algo parecido, sólo que se quedaron sin crédito internacional. Entonces les meten mano al campo, a las jubilaciones privadas, a las reservas. Es igual. Igual. Como si no hubiéramos aprendido nada.
-Entonces volvemos con el ajuste y la economía de guerra, ¿qué te parece?
Me quedé en silencio. El se acabó la lágrima de un trago.
-En cuanto a plantarse con los organismos internacionales, da risa -arranqué sin mirarlo-. Le pagaron todo al FMI y festejaron como si fuera un evento guevarista. Y están metidos en una lucha denodada para sacarle miles de millones de dólares al Banco Central y en lugar de aplicarlos a los hambrientos se los entregan a los acreedores de Wall Street. ¡Menos mal que ustedes son de izquierda, flaco!
-¿Y entonces por qué la derecha no acompaña todo esto, si es tan reaccionario como vos decís?
-Porque la lógica amigo-enemigo triunfó. Y porque también triunfó la deshonestidad intelectual.
-¿De qué carajo hablás?
-Hablo de que si criticás a la oposición estás comprado por el Gobierno, y si criticás al Gobierno, sos de derecha. Cuando investigábamos la corrupción de Menem éramos héroes. Ahora que investigamos la corrupción oficial, somos destituyentes.
-Es chiquito -movía una y otra vez la cabeza-. Te quedás con lo chiquito. Cómo me duele eso.
-El Gobierno se pelea sólo con quien no puede aliarse. Esos dos millonarios que se llenan la boca hablando contra los ricos no se manejan como principistas. La única ideología verdadera que tienen es el poder. Los que eran socios hasta hace poco y se dieron vuelta ahora son una lacra nacional. Kirchner era el candidato del establishment en la primera fase de su Gobierno. Y los enemigos abominables de hoy eran sus comensales diarios en Olivos hasta no hace mucho. Y después nos toman por tarados, flaco. Nos dicen que el fútbol es gratis en la Argentina. Es gracioso, ¿no? ¡Gratis!
-Te volviste un gorila.
-Y lo más gracioso es que vos te volviste un peronista -me reí-. Ofenden nuestra inteligencia.
-Ahora me vas a hablar de las carteras Louis Vuitton.
-Son canallas de doble discurso y me hablan con el dedo levantado. Me hablan con superioridad moral. Eso me enfurece.
-Te enfurece y te ciega; seguimos hablando de menudencias -dijo, exhalando una enorme bocanada de humo. Tenía los ojos rojos-. Y te voy a dar una mala noticia: también van a quedar en la historia por haber impulsado los juicios contra los asesinos y los torturadores, algo que en España y en Francia les reconoce cualquiera.
-Por mí que los asesinos y los torturadores se pudran para siempre en la cárcel. Lo que me molesta es que estos muchachos de la Casa Rosada se disfracen de abnegados defensores de los derechos humanos de la primera hora, cuando en el Proceso estaban haciendo plata y después, mientras gobernaron Santa Cruz, no movieron un dedo por las Madres ni por las Abuelas de Plaza de Mayo, ni por nada que se les parezca.
-Lo importante no es eso -rechistó-. Lo importante es que cambiaron e hicieron algo trascendental. ¿Qué importa lo que eran antes?
-Es gracioso que preguntes eso. Este gobierno hace política de prontuario con todo el mundo, menos con sus propios líderes. Además, usar a las Madres y las Abuelas para legalizar acciones de gobierno es repugnante.
-Qué estómago tan delicado -dijo con sorna-. No estamos en Europa: estamos en la Argentina, pibe. En este país bestial que viene del abismo. Y este es un gobierno exitoso que hizo crecer la economía de manera sostenida y espectacular. Y que, salvo una clase media desagradecida, no tiene políticamente a nadie enfrente.
-Ah, bueno, eso último te lo concedo. -Vi que encendía otro cigarrillo-. Mirá, yo tengo dos pesadillas. Una es que tus amigos no se vayan nunca más. Y otra es que cuando vengan los otros? terminemos extrañando a los que se fueron.
-A veces deseo que se vayan rápido, ¿sabés? -Ahora tenía un cierto dolor en la mirada. Volvió a rascar el borde la mesa con el canto de su mano-. Así vos y yo podemos volver a hablar de libros y de minas, como antes. ¿Te acordás?
Estuvimos hablando de libros y de minas un rato, como si permaneciéramos en el limbo. Después salimos a la calle. Sentí que la última brisa del domingo me barría la cara. Nos despedimos como si fuéramos a vernos otra vez. Lo conozco bien. Hoy no estamos seguros. No estamos seguros de nada.

Jorge Fernández Díaz LA NACION

Fear Strikes Out.

By PAUL KRUGMAN

The day before Sunday’s health care vote, President Obama gave an unscripted talk to House Democrats. Near the end, he spoke about why his party should pass reform: “Every once in a while a moment comes where you have a chance to vindicate all those best hopes that you had about yourself, about this country, where you have a chance to make good on those promises that you made … And this is the time to make true on that promise. We are not bound to win, but we are bound to be true. We are not bound to succeed, but we are bound to let whatever light we have shine.”

And on the other side, here’s what Newt Gingrich, the Republican former speaker of the House — a man celebrated by many in his party as an intellectual leader — had to say: If Democrats pass health reform, “They will have destroyed their party much as Lyndon Johnson shattered the Democratic Party for 40 years” by passing civil rights legislation.

I’d argue that Mr. Gingrich is wrong about that: proposals to guarantee health insurance are often controversial before they go into effect — Ronald Reagan famously argued that Medicare would mean the end of American freedom — but always popular once enacted.

But that’s not the point I want to make today. Instead, I want you to consider the contrast: on one side, the closing argument was an appeal to our better angels, urging politicians to do what is right, even if it hurts their careers; on the other side, callous cynicism. Think about what it means to condemn health reform by comparing it to the Civil Rights Act. Who in modern America would say that L.B.J. did the wrong thing by pushing for racial equality? (Actually, we know who: the people at the Tea Party protest who hurled racial epithets at Democratic members of Congress on the eve of the vote.)

And that cynicism has been the hallmark of the whole campaign against reform.

Yes, a few conservative policy intellectuals, after making a show of thinking hard about the issues, claimed to be disturbed by reform’s fiscal implications (but were strangely unmoved by the clean bill of fiscal health from the Congressional Budget Office) or to want stronger action on costs (even though this reform does more to tackle health care costs than any previous legislation). For the most part, however, opponents of reform didn’t even pretend to engage with the reality either of the existing health care system or of the moderate, centrist plan — very close in outline to the reform Mitt Romney introduced in Massachusetts — that Democrats were proposing.

Instead, the emotional core of opposition to reform was blatant fear-mongering, unconstrained either by the facts or by any sense of decency.

It wasn’t just the death panel smear. It was racial hate-mongering, like a piece in Investor’s Business Daily declaring that health reform is “affirmative action on steroids, deciding everything from who becomes a doctor to who gets treatment on the basis of skin color.” It was wild claims about abortion funding. It was the insistence that there is something tyrannical about giving young working Americans the assurance that health care will be available when they need it, an assurance that older Americans have enjoyed ever since Lyndon Johnson — whom Mr. Gingrich considers a failed president — pushed Medicare through over the howls of conservatives.

And let’s be clear: the campaign of fear hasn’t been carried out by a radical fringe, unconnected to the Republican establishment. On the contrary, that establishment has been involved and approving all the way. Politicians like Sarah Palin — who was, let us remember, the G.O.P.’s vice-presidential candidate — eagerly spread the death panel lie, and supposedly reasonable, moderate politicians like Senator Chuck Grassley refused to say that it was untrue. On the eve of the big vote, Republican members of Congress warned that “freedom dies a little bit today” and accused Democrats of “totalitarian tactics,” which I believe means the process known as “voting.”

Without question, the campaign of fear was effective: health reform went from being highly popular to wide disapproval, although the numbers have been improving lately. But the question was, would it actually be enough to block reform?

And the answer is no. The Democrats have done it. The House has passed the Senate version of health reform, and an improved version will be achieved through reconciliation.

This is, of course, a political victory for President Obama, and a triumph for Nancy Pelosi, the House speaker. But it is also a victory for America’s soul. In the end, a vicious, unprincipled fear offensive failed to block reform. This time, fear struck out.

Editors’ Note: March 23, 2010
The Paul Krugman column on Monday, about the health care bill, quoted Newt Gingrichas saying that “Lyndon Johnson shattered the Democratic Party for 40 years” by passing civil rights legislation. The quotation originally appeared in The Washington Post, which reported after the column went to press that Mr. Gingrich said it referred to Johnson’s Great Society policies, not to the 1964 Civil Rights Act.

http://www.nytimes.com/2010/03/22/opinion/22krugman.html?partner=rssnyt&emc=rss

Google invierte en un cable submarino entre Japón y Estados Unidos

Google, junto a otras compañías asiáticas, ha invertido en un cable que une Estados Unidos con Japón a través del Pacífico y que podría entrar en funcionamiento este año. Aunque se desconoce la inversión realizada por la empresa, su participación le da derecho a reservarse el 20% de la capacidad del mismo lo que supondrá una mejora de sus servicios en Asia. La próxima semana, Google podría explicar los detalles de la operación. Aunque la participación en el proyecto de Google está orientada a mejorar las conexiones de sus propios servicios y no a convertirse en un operador de telecomunicaciones, este paso se suma al anuncio hecho por la compañía hace unas semanas en el sentido de que lanzará una conexión de muy alta velocidad en una zona indeterminada de Estados Unidos. Ambos planes le sirven, además, a Google para replicar las críticas de quienes le achacan que su negocio en Internet, que exige altas prestaciones en telecomunicaciones, se basa en la inversión en infraestructuras que realizan las operadoras sin que participe en el gasto que supone su mantenimiento.

En el consorcio, según Cnet, participan Bharti Airtel, Global Transit, KDDI, Pacnet y SingTel, además de Google. El coste del proyecto es de 300 millones de dólares y el cable podría suministrar una conexión bajo el océano a 7,68 Terabits por segundo. Con esta inversión, Google se garantiza poder satisfacer sus necesidades en una ruta de Internet crítica para sus futuros negocios.

Un portavoz de otra de las empresas participantes, Pacnet, ha señalado que el creciente uso de archivos audiovisuales en Internet ha aumentado las exigencias de conexión y que invertir en ella es clave. “Una vez compras fibra, la tienes para el resto de la vida”, ha señalado.

China ataca a Google y denuncia que está al servicio del Gobierno de EE UU

China, a través de su agencia oficial de noticias Xinhua, ha intensificado las críticas contra Google. Los analistas interpretan este clima como un anticipo al inminente anuncio de la compañía norteamericana sobre su futuro en este país asiático. El jueves pasado,Business New aseguraba que este lunes Google anunciará que cierra su buscador en China el próximo 10 de abril. Según un comentario de Xinhua firmado por tres autores,Google mantiene estrechas vinculaciones con el Gobierno de Estados Unidos cuyos servicios de inteligencia acceden a la base de datos de las búsquedas. Para los editorialistas chinos, la reciente conducta de Google “muestra que la compañía no busca aumentar su negocio en China, sino jugar un activo papel en la exportación de cultura, valores e ideas” y denuncian que la compañía quiere imponer sus propios principios en contra de las leyes domésticas chinas que defienden su “propia y honrosa cultura y tradición”.

En el texto, los autores denuncian que Google viola las leyes internacionales. “De hecho, ningún país permite un tráfico sin restricciones de pornografía, violencia, juegos, contenidos supersticiosos o que alimenten la subversión, el separatismo étnico, el extremismo religioso, el racismo, el terrorismo o sentimientos enemigos desde el extranjero”. Siempre según el texto, citado por Reuters y la BBC, China puede tener un Internet próspero sin Google. El “gran perdedor”, según sus tesis, en esta batalla será Google. “Se vaya o no Google”, China mantendrá la aplicación de sus leyes y tacha de “ridículo” que una empresa tenga la ambición de cambiarlas a su medida. Para Xinhua, Google se está politizando y si vincula su marcha de China a razones políticas “perderá la credibilidad entre los ciudadanos chinos”.

El conflicto se desató en enero, cuando Google anunció su intención de abandonar China si no podía trabajar sin estar sometido a la censura y a ataques cibernéticos.

Desde 2006

Google abrió su buscador en China, Google.cn, en 2006. Desde entonces se ha sometido a los dictados de la censura de aquel país. Su buscador en inglés, Google.com, no está sometido a censura pero el Gobierno emplea sus propios cortafuegos para filtrarl os contenidos que no le interesan. La compañía emplea a centenares de ingenieros y comerciales en sus tres oficinas en aquel país (Pekín, Shangai y Guangzhou) A finales de 2009, Google tenía el 30% de las búsquedas en China, un mercado dominado por el buscador local Baidu. No hay cifras de negocios de la sede china de Google, pero JP Morgan ha estimado que en 2010, Google podría obtener unos 600 millones de dólares en ingresos. Una de las incógnitas si Google anuncia su marcha de China es el alcance de la misma. Todos los expertos dan por hecho el cierre del buscador, pero ya es más difícil que la decisión afecte a otras áreas de negocio como la implantación de su sistema operativo para móviles Android. Con todo, este año, Google ha aplazado la presentación en aquel país de dos modelos equipados con Android.